Adán tuvo dos hijos al principio, pero no hay ningún indicio en la Biblia que revele que él dedicada uno de ellos a Dios; eso explica porque el hermano mayor mató al menor.
Hay una gran diferencia entre los hijos que se ofrecen a Dios y los que se le niegan. Los resultados al principio no se ven, pero después aparecen con los años.
En 1 Samuel 1, está la historia de una mujer estéril, llamada Ana, que oraba largamente pidiéndole un hijo a Dios y aunque el sacerdote Elí la confundió con una borracha (ebria), porque oró demasiado, ella consiguió lo que pidió… Dios le dio un hijo, y ella le puso por nombre Samuel.
Cuando el niño fue destetado, ella volvió al templo en Jerusalén trayendo su hijito y lo entregó al sacerdote Elí, como una ofrenda para Dios. Ese niño, Samuel, llegó a ser uno de los grandes profetas de la Biblia, además de sacerdote y juez de Israel.
Es una de las historias más tiernas y conmovedores que aparecen en la Biblia. Ana venía todos los años y le traía un trajecito a su hijito, era un manto bien adornadito, que ella tejía con sus propias manos. Cada año el manto era más grande y le llevaba más tiempo hacerlo, porque el niño iba creciendo en la Casa de Oración, al lado del viejo sacerdote Elí.
Me llama mucho la atención, la templanza de esa madre: Ella dio su hijo para Dios, de todo corazón… Ella no jugó con Dios.
Hay muchas madres que le ofrecen sus hijos a Dios, pero a medida que las criaturas van creciendo, ellas se los van negando; porque empiezan a sacar cuentas del futuro, y les parece que es demasiado lo que han dado para Dios… Los obligan a estudiar “tantas cosas”.
Recuerda hermano, que la Biblia dice que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará y que el pecado de los padres cae sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
Dios tenía un solo hijo, y lo hizo “Misionero” haz tú lo mismo…!
Dr. Jaime Puertas
Extracto tomado del libro Consejos para tu familia
No le niegues tus hijos a Dios, Capítulo 21, Pg. 45, 46
