Por.- Orlinda de Rodríguez (Pastora y Evangelista)
Parte 1
El tema que deseo compartir con ustedes hoy, tiene que ver con el poder y la grandeza que hay detrás de la humillación de una mujer, sobre todo cuando se humilla delante de Dios.
Humillarse delante de Dios y de su palabra significa reconocer la propia pobreza espiritual. El pueblo de Dios debe reconocer sus fracasos y expresar arrepentimiento por su pecado, renovar su compromiso de hacer la voluntad de Dios.
He tomado tres ejemplos de mujeres ilustres de la Biblia que hicieron hazañas, llamaron a la existencia lo que no existía, libraron sus casas de una muerte segura, arrebataron milagros porque usaron un armamento poderoso en la vida de una mujer que es la humillación.
Tenemos en primer lugar el caso de Ana, en el libro de 1era de Samuel 1 del 9 al 11 dice: «y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un Pilar del Templo de Jehová, ella con amargura de Alma oró a Jehová y lloró abundantemente e hizo voto diciendo «Jehová de los ejércitos si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva y te acordares de mí y no te olvidares de tu sierva sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida y no pasará navaja sobre su cabeza».
Notemos que luego de esta oración Ana recibe un milagro, ella llamó a la existencia a un ser que no existía valga la redundancia a su hijo Samuel lo llamó a la existencia y Dios le dio la bendición de ser madre no solamente de Samuel sino de otros hijos más que el Señor le añadió, pero esto lo consiguió ella en oración, humillándose delante de Dios.
